Pleito

José Luis Melero

 

(Publicado en el libro Un Rolde de palabras… e de musas ziento (Zaragoza, REA, 2007), en el que cada autor apadrinaba y se comprometía a utilizar una determinada palabra de la lengua aragonesa).

 

Yo no sé muy bien por qué tuve que apadrinar la palabra “pleito”. La verdad es que no me gusta nada. A mí me hubiera gustado poder apadrinar otras: “chaminera”,  por ejemplo, porque la utilizaba mi abuela y me enseñó una canta de jota que decía: “Ya no tienes chaminera / por donde te salga el humo / ya te vas quedando sola / mocica de tanto rumbo”, que años más tarde descubrí que estaba en el Cancionero de Juan José Jiménez de Aragón publicado en 1925. Pero se la adjudicaron a Toño Gaspar. O “chemecar”, preciosa palabra que con gran sorpresa por mi parte, pues nunca se la había oído antes, escuché un día en labios de mi madre cuando lloraba uno de mis hijos. Pero se quedó con ella Luis Antonio Sáez. También habría sido feliz si me hubiera tocado apadrinar “embolicar”, porque ha formado parte de mi vocabulario de forma natural desde siempre (cuántas veces no habré dicho yo “no me emboliques”). Pero se la adjudicaron a Víctor Juan Borroy, que ya comenzaba su carrera hacia el estrellato. O “esbafar”, tan habitual en todos nosotros, sobre todo en los que somos adictos a la “coca-cola” y no estamos dispuestos a tomárnosla “esbafada”. Pero se la apropió rápidamente Elena Bandrés. Me habría encantado comprometerme a usar y defender “esbarizaculos”, que es como de niños llamábamos siempre al tobogán. Pero tampoco me la dejaron. O “ferrero”, porque mi bisabuelo Valentín Melero era el herrero de Aguarón. Pero se la adjudicaron a María Jesús Lanuza y de nuevo me quedé a dos velas. Tampoco me habría importado apadrinar “empentón”, “escondecucas”, “garrampa”, “laminero” “minchar” (“o cuco se mincha l’ababol”, me enseñaba Francho Nagore en aquellas clases de aragonés para aragonesistas avant la lettre en la zaragozana Plaza Sas de principios de los setenta) o “pozal”, que tanto hemos utilizado todos. Hasta Yolanda, mi mujer, decididamente envalentonada al ver lo que estaba pasando, decidió quitarme “tormo”, con lo que a mí me gusta endulzarme la vida. Y el colmo fue que un pedugo como mi querido Guillén Bernal me dejase sin “zancocho”. Así que mientras Nacho López Susín se quedaba “rolde”, Miguel Mena “rasmia”, Mar Herrero “alcorze” y Vicente Martínez Tejero “pa cutio”, con lo contento que yo me habría puesto de poder proteger alguna de esas palabras, a mí me endilgaban “pleito”, que es una palabra que también se ha dicho siempre en castellano y que no tiene ninguna gracia. Y es que, como ya habrán adivinado, uno pinta menos en esta Asociación que Pichorras en Pastriz.