Presentación de

Pasaron por aquí

de Antón Castro

Teatro Principal, Zaragoza 10 de diciembre de 2019

 

 

Antón y yo tenemos un código de humor que utilizamos siempre. Nos conocemos tanto que sólo con mirarnos empezamos a reírnos. Y yo le tomo el pelo con su prosa heredera del realismo mágico, sus adjetivos volatineros, sus asombrosas imágenes sin brida ninguna, desmesuradas y deslumbrantes… Es la forma que tenemos en Aragón de decirnos que nos queremos, sin decírnoslo. Ya sabéis cómo somos: gente sin romanizar, a veces.

        Así llevamos 32 años juntos, más de la mitad de nuestras vidas. Riéndonos siempre.

        En las muchas presentaciones que he hecho de sus libros nunca ha estado ausente el humor. Pero hoy no voy a utilizar el humor. Es tan importante este libro, que hoy quiero que todos nos tomemos muy en serio la extraordinaria labor que Antón ha hecho en defensa de Aragón y de lo aragonés.

Todos los países y todas las ciudades necesitan crear su propio imaginario. Zaragoza y Aragón no iban a ser una excepción.

        Los personajes ilustres que pasaron por aquí ayudan a conocer nuestra historia y ayudan a dotar a nuestros pueblos y ciudades de un pedigrí cultural aristocrático. Ayudan, por tanto, a crear ese imaginario.

        Por eso es tan importante este libro de Antón: porque nos pone en el mapa de los grandes lugares a donde acuden los mejores, desde Albert Einstein, Federico García Lorca y Virginia Woolf hasta Ava Gardner, Ernest Hemingway o Joaquín Sorolla. Desde Eddy Merckx a Pelé. Desde Rudolf Nureyev y Madonna a Arthur Rubinstein y The Rolling Stones. Y porque este libro debería servir de manual a partir del cual comenzar a poner placas en los lugares en que estuvieron todos esos personajes que nos visitaron. ES UNA VIEJA AMBICIÓN MÍA.

        ¿Y quién podía escribir este libro? Sólo ANTÓN podía hacerlo. Porque él vino a Aragón a enseñarnos a amar a Aragón a los aragoneses. Y sólo se puede amar lo que se conoce. Por eso, Antón nos ha regalado un puñado de libros imprescindibles para amar a Aragón, desde aquel legendario ya Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados… hemos perdido la cuenta de cuántos libros Antón ha dedicado a su tierra de adopción.

        En este maravilloso libro, Antón nos habla de muchos de los personajes relevantes que nos visitaron. Y así nos habla de:

-         DALÍ,  a quien entrevistó Chas en el 56, en el Gran Hotel. Le confesó que le gustaba la jota y que Zaragoza era una de las ciudades más sólidas y realistas del mundo. Luego lo vino a buscar Gala en un cadillac negro y se lo llevó.

-         MANUEL DE FALLA. Zuloaga compró la casa de Goya en Fuendetodos y organizó en 1917 una excursión de intelectuales hasta allí. Tocó en la iglesia un viejo clavecín acompañando a una famosa soprano polaca.

-         LEÓN FELIPE, que estuvo en Caspe en el 37 en el homenaje a Méjico, el primero de mayo. Esa misma noche había habido un bombardeo y habían muerto algunas personas. Habló su compañera BERTA GAMBOA, mejicana, en nombre de la mujer mejicana. Y también Joaquín Ascaso. El poeta recitó en el Teatro Goya. Ese día hubo un gran festival de JOTA.

-         LORCA, que estuvo en Jaca en agosto del 33 y dio un recital de sus versos en la Residencia. Venía con LA BARRACA y en el Teatro Unión Jaquesa iban a representar FUENTEOVEJUNA. Hubo que suspenderlo. Luego visitaron Ayerbe y Canfranc y Huesca. En el Teatro Olimpia representaron Fuenteovejuna y el Retablo de las Maravillas. Lorca hizo la presentación.

-         HEMINGWAY estuvo en Zaragoza en octubre del 56, en los toros, siguiendo a Antonio Ordóñez. En el Gran Hotel Borau le hizo una entrevista. Iba con José Pérez Gállego y Joaquín Aranda. Hay una foto de los cuatro. Le dijo a Borau que de haber tenido una hija la habría llamado Pilar. Su barco se llama así.

-         MIGUEL HERNÁNDEZ estuvo en Teruel con Líster en el 37 y allí escribió el poema “Teruel”, que yo leí en un volumen de Losada con El hombre acecha y el Cancionero y Romancero de Ausencias.

-         UNAMUNO estuvo en Jaca en el 32, con Miral y Gil y Gil. Se hospedó en el Mur y al día siguiente Ricardo del Arco lo llevó a San Juan de la Peña. Publicó un artículo sobre esa visita en Paisajes del alma.

-         PELÉ, que estuvo en La Romareda en el 74. El Santos iba de blanco y el Zaragoza de rojo. Ganó 3-2, con dos goles de Pelé. Los del Zaragoza, de Diarte y Soto. La camiseta se la regaló a Rico. Se cayó la portería. Zalba le regaló una Virgen del Pilar en plata, que luego se subastó.

-         TYRONE POWER, GINA LOLLOBRIGIDA y GEORGE SANDERS, que estuvieron en Zaragoza en el 58 rodando “Salomón y la reina de Saba”, de King Vidor.

-         BARRADAS, que estuvo en Zaragoza y aquí conoció a Simona Laínez Saz, de Lechago y descendiente de Luco de Jiloca, con la que se casó en el Pilar en 1915. Aquí colaboró en periódicos y revistas: Paraninfo, El Ideal de Aragón… Al año siguiente se fueron a Barcelona y luego a Madrid. Hacia 1923, enfermo, se refugia en Luco, en casa de sus suegros. Regresó a Madrid una vez recuperado y murió en Montevideo en 1929, con 39 años. Simona vivió hasta más allá de los 90 años.

-         SOROLLA, que estuvo en Ansó, donde conoció a Pascuala Mendiara, a la que retrataría. Fue con el fotógrafo Freudenthal. Luego estuvo en Jaca, y su hija se casó en la catedral en 1914 con el pintor Francisco Lázaro. De este viaje surgió su gran cuadro “Aragón. La JOTA”.

. -         VIRGINA WOOLF, que se casó con Leonard Woolf en agosto del 12 y estuvo de viaje de novios en Zaragoza. Le escribe a una amiga y le describe el ambiente de la habitación del hotel.

-         ALMODÓVAR, que vivió en Poleñino y allí hizo la Primera Comunión (recibió el Pan de los Ángeles).

-         AVA GARDNER es una visita que me acompaña siempre, pues tengo una foto suya de su estancia en Zaragoza en mi biblioteca. En octubre del 55 Julio Aparicio le brinda un toro en la plaza de Zaragoza. La fotografió Luis Mompel. Estaba también ese día el embajador de EEUU en España. Las dos grandes anécdotas de Ava Gardner relacionadas con un famoso cólico nefrítico que la actriz sufrió en Madrid, en su suite del Hilton, una noche de abril de 1954. Según la leyenda, Hemingway llevó colgada del cuello durante años una de las piedras que Ava expulsó del riñón, y cuando le afeitaron el pubis tuvieron que hacer un sorteo en el hospital porque todos querían quedarse con un mechoncito. Anécdota digna del mejor Azcona.

Pero hay muchísimos más, que dejo que ustedes descubran cuando lean el libro. Sólo conocí en persona a dos de los que Antón incluye en el libro: a Rafael Alberti y a José Luis Sampedro. Pude conocer a John Berger y a Günter Grass, pero esos días me vendría mal y no lo hice. De Pelé tengo una foto dedicada, y también me firmó un cartel YOKO ONO, gracias a mi amigo López Susín. Yoko Ono y su hijo Sean Lennon compraron un jamón de jabugo en la calle Zurita y lo guardaron en la funda de la guitarra de Sean. Luego Yoko Ono metió en EEUU ese jamón dentro de la funda, mientras Sean llevaba la guitarra en la mano.

 Con Sampedro y con su mujer, Olga Lucas, cené en un restaurante de la calle Ponzano. Sampedro, que había vivido en Zaragoza, se casó en el balneario de Alhama y luego estuvo también en Jaca en un ciclo organizado por la mujer de Ferrer Lerín sobre mujeres casadas con escritores.

Y con Alberti (que ya había estado con María Teresa León en Daroca, en un aterrizaje forzoso en los años 30, tal y como cuenta en La arboleda perdida), estuve dos veces: una en el 79 con Nuria Espert y otra en el 87.

Y hay cuatro que no sabía que habían pasado por aquí: Cole Porter, Walt Disney, Fausto Coppi y Nino Bravo. Y esto me supo mal.

Cole Porter, según nos cuenta Antón, siempre destacó por su inclinación al desafuero, especialmente sexual. Y su mujer le consentía relaciones con varones. Esto es algo que le gusta mucho contar a Antón, para ponernos nerviosos. Como la iniciación sexual de José Martí en Zaragoza, con Blanca Montalvo, de la que también habla en el libro. Ah, perdón, que había dicho que no iba a utilizar el humor. Calpe entrevistó a Porter en el Gran Hotel en 1955. Visitaba por tercera vez España para estudiar su folclore. Y le dijo a Calpe que volvería para estudiar la jota. Entre los músicos españoles admiraba a Falla y a Albéniz. Y su músico favorito era Bach. Andrés Ruiz Castillo, que firmó casi todos sus artículos en este periódico con el seudónimo de “Calpe”, era la viva historia de “Heraldo de Aragón”. Le dedicó toda su vida y trabajó en él hasta cumplidos los 80 años. Era entonces su subdirector y llevaba sesenta años en la casa. No hay un caso igual ni parecido en el periodismo aragonés. Había nacido en Calatayud en 1909 y a los 19 años ya era redactor jefe de “La Voz de Aragón”. Antonio Mompeón se lo llevó al Heraldo en 1929 y aquí estuvo hasta octubre de 1988. Cubrió como enviado especial los consejos de guerra de la sublevación de Jaca, donde coincidió entre otros con Pío Baroja y Josefina Carabias, entonces novia de José Rico Godoy, uno de los sublevados; entrevistó a Buñuel en 1930 tras el estreno en Zaragoza de “Un perro andaluz”; escribió una biografía de Fleta junto con Luis Torres en 1940, y varias obras de teatro que le estrenaron actores de la talla de Ismael Merlo, Mª Carmen Prendes o Mª Fernanda Ladrón de Guevara; sufrió los rigores del franquismo, que le retiró durante algún tiempo el carné de periodista, e hizo extraordinariamente popular su sección “Punto y aparte”, que daría origen a libros como La insigne llorona (1980) y Punto y aparte (1994). Escribía siempre a mano y corría la leyenda de que no salía de los talleres hasta que la última página del periódico estaba montada. Fue un gran aficionado a la ópera (dicen quienes le oyeron cantar que era un fino tenor) y Antonio Bruned, que lo conocía bien, lo definió como esa clase de hombres “que son capaces de conjugar la rebeldía y la dureza con la sensibilidad y la ternura”. Vivió sus últimos años en mi misma casa, hablamos mucho y lo quise y admiré sin fisuras. Como algunos de los más grandes, huyó de los elogios pero trató de merecerlos.

De Walt Disney en Zaragoza supe por Miguel Mena y luego por Antón. Estuvo aquí en 1957. Se hospedó, cómo no, en el Gran Hotel y firmó en el libro de honor.

Fausto Coppi vino a correr en el Parque en 1958 y se hospedó en el Hotel Europa de la calle Alfonso. Murió al año siguiente de estar en Zaragoza, con 40 años. Su historia de amor había dado la vuelta al mundo. Coppi se enamoró de la mujer de un médico. Esta fue denunciada por su marido y, acusada de adulterio, fue condenada a un año de cárcel. A Coppi le retiraron el pasaporte, hasta el Papa los criticó y acabaron casándose en Méjico.

Y Nino Bravo estuvo de luna de miel en Gallur. Casi nada. Un par de noches, en Casa Luis. Luego actuó en el Casino de Tauste.

 

Hay otros muchos más que pasaron por aquí y que no están en el libro. Lo dice el propio Antón, con melancolía, en el prólogo: “Había que acabar alguna vez y en algún sitio. Quedan muchos más”, nos dice, con tristeza.

Sólo entre los escritores que yo saludé y conocí recuerdo a Giménez Caballero, a Francisco Ayala y a Juan Gil Albert; a Dámaso Alonso y Luis Rosales; a Dionisio Ridruejo y Gloria Fuertes. Y más recientemente a Pedro Laín, a Torrente Ballester, a José Saramago... Pero también a Luis García Berlanga, a Perico Beltrán y a tantos otros. Y quedan decenas que no conocimos como Blasco Ibáñez, Juan Eduardo Cirlot o el pintor Ciriaco Párraga, al que ha estudiado nuestro buen amigo Jorge Sanz Barajas. Creo que esta maravillosa serie merece una segunda etapa y un segundo libro para seguir inventariando personajes que den lustre a Aragón y a Zaragoza. De aquí debe salir ese compromiso y Antón debe ponerse a ello sin falta.