UN PUÑADO DE VISITANTES ILUSTRES 

 

(Revista TURIA, número 135. Junio 2020)

Reseña de Pasaron por aquí, de Antón Castro. Pregunta Ediciones. Zaragoza, 2019

 

            Apenas nadie recuerda hoy que Cole Porter, el autor de “Night and day” y “Begin the beguine”, estuvo en Zaragoza en 1955 y fue entrevistado por Andrés Ruiz Castillo, Calpe, aquel gran periodista que se retiró a los 80 años de Heraldo de Aragón, siendo su subdirector, después de haber trabajado 60 años en la casa. Calpe había cubierto como enviado especial los consejos de guerra de la sublevación de Jaca, donde coincidió entre otros con Pío Baroja y Josefina Carabias; había entrevistado a Luis Buñuel en 1930 tras el estreno en Zaragoza de “Un perro andaluz”; había escrito obras de teatro que le estrenaron actores de la talla de Ismael Merlo, Mª Carmen Prendes o Mª Fernanda Ladrón de Guevara, y, con Luis Torres, una biografía de Fleta en 1940; y había sufrido los rigores del franquismo, que le retiró durante algún tiempo el carné de periodista. Vivimos en la misma casa del paseo Sagasta, fui su amigo y me contó muchas cosas, pero nunca salió en nuestras conversaciones esa entrevista con Cole Porter. Éste, que fue un hombre voluptuoso, casado con una mujer mayor que él que le consentía mantener relaciones con varones, le confesó a Ruiz Castillo que admiraba mucho a Bach, a Falla y a Albéniz, y que quizá volviera a Zaragoza para escuchar la jota.

Tampoco encontraríamos muchos que supieran que José Martí vivió en Zaragoza una historia de amor con Blanca de Montalvo y que aquí posiblemente debió de iniciarse en la sexualidad; ni que, 125 años más tarde, en 2000, Yoko Ono se compraría con su hijo Sean Lennon un jamón de jabugo en la zaragozana calle de Zurita y lo guardaría en la funda de la guitarra de Sean. Luego, Yoko Ono introduciría en Estados Unidos ese jamón dentro de la funda, mientras Sean llevaba la guitarra en la mano.

Exceptuado un pequeño grupo de especialistas, nadie tiene memoria de que el poeta Miguel Hernández estuvo en Teruel con Enrique Líster en diciembre de 1937, y que en la capital aragonesa escribió el poema “Teruel”, ese que yo leí en aquel volumen de Losada que comprendía El hombre acecha y el Cancionero y Romancero de Ausencias, ese que aseguraba que “por mucho que un cadáver se defienda / la muerte está sitiada, acorralada, / cercada por la vida más tremenda”. El poeta de Orihuela vivió poco tiempo en Teruel: llegó el día 15, pero el 19 nació su hijo Manuel-Ramón. Se enteró de la noticia en vísperas de Navidad y le concedieron permiso para ir a conocerlo. El niño murió pronto, pero Miguel Hernández ya nunca regresaría a Teruel.

Pocos serán los que se acuerden de que Fausto Coppi (ganador de cinco Giros de Italia y dos Tours de Francia) vino a correr a Zaragoza en 1958 y que se hospedó en el Hotel Europa de la calle Alfonso. Se celebraba el III Critérium de ciclismo y las pruebas tuvieron lugar en el Parque Primo de Rivera, hoy Parque José Antonio Labordeta. Y menos aún serán quienes conozcan su turbulenta historia de amor con una mujer casada. Ésta, Giulia Occhini , fue denunciada por su marido, el doctor Locatelli, y, acusada de adulterio, condenada a presidio. A Coppi le retiraron el pasaporte, hasta el propio Papa Pío XII criticó aquella relación, y al final, tras vencer muchas dificultades, ambos acabarían casándose en México, aunque su matrimonio nunca se reconocería en la muy católica Italia.

Y no es fácil hallar quien pueda contarnos que el cantante Nino Bravo estuvo de luna de miel en Gallur, tras su boda con María-Amparo Martínez, en abril de 1971. Y que, para estar cerca de Tauste, donde tenía contratada una actuación en el Casino el día 24, se hospedó en el Hostal Casa Luis.

Pero para que la estancia en Aragón de José Martí, Miguel Hernández, Cole Porter, Fausto Coppi, Nino Bravo y Yoko Ono, entre otros muchos, fuera conocida por todos y no sólo por unos pocos afortunados, Antón Castro decidió contárnosla en una sección, “Pasaron por aquí”, que fue publicando cada semana en Heraldo de Aragón entre 2016 y 2018, y que ahora ha recogido en un libro apasionante que lleva el mismo título y que va a ser imprescindible para el conocimiento de nuestra historia más reciente. Los personajes ilustres que nos han visitado ayudan a dotar a nuestros pueblos y ciudades de un pedigrí muy singular, y nos ponen en el mapa de los grandes lugares a donde acuden los mejores, desde Albert Einstein, Federico García Lorca y Virginia Woolf hasta Ava Gardner, Ernest Hemingway o Joaquín Sorolla, desde Eddy Merckx a Pelé, desde Rudolf Nureyev y Madonna a Arthur Rubinstein y Bruce Springsteen, así hasta un total de 80 grandes personajes que “pasaron por aquí” y que se recogen en el libro. Estos reportajes, en los que uno aprende mucho de las vidas de esos hombres y mujeres célebres que compartieron unos días con nosotros, contribuyen por tanto a crear imaginario aragonés, ese imaginario tan importante para cuantos llevamos a Aragón en el corazón.

Sólo podía hacerlo tal vez Antón Castro, a quien sus lectores nunca le agradeceremos bastante sus desvelos por nuestras cosas. Castro parece que hubiera venido a Aragón a enseñarnos a amar a Aragón a los aragoneses. Y sólo se puede amar lo que se conoce. Por eso, Antón nos ha regalado un puñado de libros imprescindibles para conocer Aragón, y desde aquel legendario ya Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados, desde Retratos imaginarios, Arquitecturas imaginarias de Aragón, Aragón, El Maestrazgo, Los Sitios de la Zaragoza inadvertida o Cariñena, entre tantos otros, hemos perdido la cuenta de cuántos libros Antón Castro ha dedicado a su tierra de adopción.

En este Pasaron por aquí, el último de ellos, además de los textos sobre los personajes ya mencionados, se acumulan otros muchos memorables El de Salvador Dalí, a quien entrevistó Marcial Buj, Chas, en 1956, en el Gran Hotel. Le confesó que le gustaba la jota y que Zaragoza era una de las ciudades más sólidas y realistas del mundo. Luego lo vino a buscar Gala en un cadillac negro y se lo llevó. El de Manuel de Falla, que estuvo en Fuendetodos en 1917 cuando  Zuloaga compró la casa de Goya, y allí tocó en la iglesia un viejo clavecín acompañando a una famosa soprano polaca. El de León Felipe, que visitó Caspe en 1937, en el homenaje organizado a Méjico el primero de mayo. O el de Miguel de Unamuno, que subió a Jaca en 1932 y a quien Ricardo del Arco acompañó a San Juan de la Peña.

Pasaron por aquí va a ser es un libro de referencia inexcusable cuando se hable del Aragón de los últimos cien años.