ANDALÁN, PREMIO ARAGÓN 

Heraldo de Aragón el 21-4-22

 

 

Se cumplen 50 años de la fundación de Andalán, que se presentó en L’Aínsa, en septiembre de 1972, y en cuyo nº 1 figuraba ya, cómo no, su declaración de intenciones: la revista se dirige al “amigo lector, preocupado por Aragón y lo aragonés” y expresa su vocación de ser una publicación “por”, “para” y “desde” Aragón, con el objetivo de “cogernos de la mano para conocer mejor nuestra tierra y conseguir una mejor conciencia de comunidad”. Esta poética abría el camino a los tres temas que serían fundamentales en el devenir de Andalán y sobre cuyos pilares se sustentaría a lo largo del tiempo: aragonesismo, política y cultura. 

El nombre lo obtuvieron del diccionario aragonés del presbítero Pardo Asso de 1938: Andalán: “zanja abierta para plantar árboles en vez de hacer un hoyo para cada uno”, en alusión, tal vez, a su intención de disponer de una tierra abonada “para el germen de nuevas ideas, de un algo renovador, y crearlo, además, de forma colectiva”, como escribió Francisco Acero Yus. El ideólogo y fundador fue Eloy Fernández Clemente, aunque éste, con su generosidad habitual, escribió que “Labordeta fue siempre la indiscutida cabeza, el hombre carismático al que todos acatábamos sin necesidad de plantearlo… No he estado nunca en un colectivo en el que hubiera tanta unanimidad en reconocer y querer al líder natural”. Pero Andalán fue sobre todo una obra colectiva, en la que participaron tantos que sería imposible recoger aquí todos sus nombres. Vayan sólo unos pocos: José Antonio Biescas, Luis Marquina, José-Carlos Mainer, Guillermo Fatás, Lorenzo Martín Retortillo, Jesús Delgado, Mariano Anós, Lola Campos, Luis Ballabriga, José Luis Lasala, Alberto Sánchez, Luis Germán, Ramón Salanova, Luis Granell, Pablo Larrañeta, Lorenzo Lascorz, Julia López-Madrazo, Gaviria, Hormigón, Rotellar, J.R. Marcuello, L. Alegre, A. Peiró, V. Pinilla…  

Andalán fue para muchos una escuela de ciudadanía, de compromiso, de democracia y de periodismo, que afianzó de forma notable nuestro interés por las cosas de Aragón desde una óptica progresista, y nos ayudó a los jóvenes de entonces a reconocernos en una tierra y en un paisaje que, hasta la aparición de la revista, parecía más bien una delegación de segundo nivel de los Coros y Danzas de la Sección Femenina, una tierra atrasada, acomodaticia, amante del costumbrismo y muy conservadora.  

Hemos dicho que sus tres líneas de trabajo fueron el aragonesismo, la política y la cultura.          Pese a que Andalánera una publicación aragonesa y preocupada por lo aragonés, nunca fue, stricto sensu, una revista aragonesista. Allí sólo hubo desde sus comienzos tres aragonesistas genuinos que merecieran tal calificativo: Eloy Fernández Clemente, José Antonio Labordeta y Emilio Gastón. A los demás, tal vez, no les serviría esa denominación. O, al menos, no lo eran como aquéllos, pese a que los hubo muy comprometidos con el aragonesismo como fue el caso de Gonzalo Borrás. Pero otros destacados miembros de Andalán como Juan José Carreras, Javier Delgado, Carlos Forcadell o Juanjo Vázquez, por citar sólo unos pocos, andaban lejos de esa pasión por lo aragonés o, incluso en algunos casos, eran abiertamente contrarios a ella. Pero las dos sensibilidades, la más aragonesista y la más izquierdista, convivieron siempre en absoluta armonía: porque los aragonesistas eran gentes de izquierdas, y porque los más izquierdistas también llevaban a Aragón en el corazón. 

En política, Andalán fue una publicación comprometida con las ideas de la izquierda y el socialismo democrático, una publicación claramente antifranquista, que sufrió secuestros y hasta el encarcelamiento de su director, Eloy Fernández Clemente, que llegó a pasar unos días en Torrero. Su compromiso con un cambio democrático en la sociedad es incuestionable y una de sus señas de identidad más características. Andalán apostó por una España en la que se reconocieran las peculiaridades de las distintas comunidades, y eso es importante recordarlo ahora que se celebra el 40º aniversario de nuestro Estatuto de Autonomía, por el que tanto lucharon las gentes agrupadas en torno a la revista. 

Y finalmente su apuesta por la cultura, como motor de cambio, fue indiscutible y, tal vez, la que más caló en la sociedad, dedicando una gran parte de su espacio a la literatura, el arte, el cine, las artes plásticas… Su colección de “Galeradas”, por ejemplo, con textos de los mejores escritores aragoneses, es un óptimo caladero donde pescar la mejor literatura. 

Enhorabuena a todos los que la hicieron posible. Un gran Premio Aragón.