Teruel en el corazón

(Heraldo de Aragón, 17 de junio de 2020)

 

 

 

En Aragón, la figura del mallorquín Gabriel Llabrés está unida a la ‘Revista de Huesca’, publicación que él fundó y dirigió entre 1903 y 1905. Llabrés había ganado la oposición a cátedras de instituto en 1895 y, tras pasar por Mahón y Cáceres, llegó al instituto de Huesca en 1902. Un año más tarde salió el número 1 de la ‘Revista de Huesca’, que se abría con un artículo del propio Llabrés titulado “Quién es el autor de la Crónica de San Juan de la Peña”. En ella publicarían, además de su director, conocidos historiadores y eruditos locales como Pedro Aguado Bleye, Gregorio García Ciprés, Mario de la Sala Valdés o Mariano de Pano. Compré hace muchos años los seis primeros números de la revista, encuadernados en un volumen, y sólo pude leer el séptimo cuando, algunos años más tarde, en 1994, el Instituto de Estudios Altoaragoneses editó el facsímil de los siete únicos números publicados, con prólogo de Ignacio Peiró. No llegaron a 80 sus suscriptores, entre ellos muchos miembros de la pequeña burguesía ilustrada de Huesca: Santos Acín, Manuel Batalla, Manuel Bescós, José Fatás, Feliciano Llanas…

No sabía por entonces que Gabriel Llabrés pertenecía también desde 1881 al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y que había sido destinado, con apenas 23 años, a la Biblioteca Provincial de Teruel. En la capital bajoaragonesa estuvo poco tiempo, pues muy pronto se trasladó a Barcelona, pero fue suficiente para transcribir en 1883 un códice de extraordinaria importancia para Teruel: el diario que escribió entre 1501 y 1543 Juan-Gaspar Sánchez Muñoz, con más de 300 noticias referidas a la ciudad, bien por haberlas vivido él mismo, bien por haberlas oído referir a otros. Llabrés pensaba que Sánchez Muñoz (miembro de la familia de los ‘Muñozes’, que ya jugó un importante papel en la conquista de Valencia, pues le financió a Jaime I buena parte de aquella campaña) debió de ser “un hidalgo retirado en su casa solariega, dedicado al cuidado y mejora de sus heredades, entregado a las lecturas y a la vida de la familia”, con instrucción superior a la de sus conciudadanos, sobre quienes ejerció “una especie de patriarcado”, dada “su cultura y nobleza personal”, y publicó 311 entradas de ese diario, hasta entonces desconocido, en el tomo XXVII del Boletín de la Real Academia de la Historia correspondiente al año 1895. El ejemplar del mismo que perteneció a Domingo Gascón y Guimbao, pues lleva su exlibris, lo adquirí en 2001, pero desde entonces no había vuelto a verlo. Como tantos, se quedó en la biblioteca esperando su momento, que no llegó hasta hace unos días, en los que, buscando otras cosas, me apareció.

El diario de Sánchez Muñoz, nos dice Llabrés, está escrito por una sola mano, con letra clara al principio que se va enmarañando al final, y nos presenta una parte de la vida de su autor, de la ciudad de Teruel, así como de la de Aragón y Castilla, durante esos primeros 43 años del siglo XVI, mezclándose apuntes meramente domésticos con noticias de enorme interés. Salvando las muchas distancias, nos recuerda en ocasiones a los diarios de Faustino Casamayor, que llevó un diario, día por día, de todo lo ocurrido en Zaragoza durante 51 años, desde 1782 a 1833.

Así, nos cuenta el primer descuartizamiento de un reo que hubo en Teruel, el 7 de abril de 1522, ordenado por la justicia por haber degollado a un hombre; nos habla de un muchacho que llegó a Teruel en mayo de 1513, de cuya boca del estómago nacía “otro muchacho que no tenía cabeza sino todos sus miembros de piernas y piedes… los brazos muy delgados y… crecía tanto como el otro vivo que lo levaba, y si a daquel que colgaba lo pizcaban o rascavan el otro lo sentía porque era todo una misma carne”; nos dice cuándo se construyeron los órganos de San Martín y de Santa María y cuánto costaron, y que en 1527 “se fizo el fosar de Sant Andres de Teruel”; nos relata una enorme tormenta, con grandes truenos y relámpagos, la noche del 20 de noviembre de 1526; o nos precisa que hizo “guarnecer en plata el dedo de San Lorenzo” y las numerosas reliquias que regaló: una costilla de San Gil, otra reliquia de San Honorato, otra de Santa Úrsula…, lo que se explica porque nuestro hombre era hijo único de Pedro Sánchez Muñoz, que fue el heredero de su tío, el antipapa Clemente VIII (don Gil Sánchez Muñoz), sucesor a su vez de Benedicto XIII (don Pedro de Luna), quien debió de poseerlas en número importante. Un entretenidísimo diario éste el del caballeroJuan-Gaspar Sánchez Muñoz, que nos permite conocer algo más la historia menuda de nuestra querida ciudad de Teruel.